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FUNDAMENTALISMO
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El fundamentalismo:
Francisco Umbral:
El fundamentalismo tiene dos vectores: uno es la adhesión fija, duradera y cerrada a los libros sagrados o a cualquier cosa que se tome por tal. No sólo hay fundamentalistas del Corán o de la Biblia. Hitler era fundamentalista de Nietzsche, del Nietzsche que a él le interesaba. Yo he conocido fundamentalistas de las Rimas de Bécquer o de Gabriel y Galán. Pero no se puede ser hombre de un solo libro porque eso es malo para el hombre y sobre todo es malo para el libro. El fundamentalismo, que suele polarizarse en torno a un libro, una religión o un personaje, no es un éxtasis de la cultura sino un éxtasis de la ignorancia. Para lo que sirve la cultura, entre otras cosas, es para disolver estos escollos o grumos de ignorancia que a veces se forman en una raza, una ciudad, una tribu, etc. El fundamentalismo es la forma extática del terrorismo, o más bien el terrorismo es la forma dinámica del fundamentalismo. La adhesión sostenida y dura a un solo núcleo de verdades o mentiras, de leyes o aleluyas, acaba criando callo en las conciencias. Cultura es dispersión, maleabilidad, sorpresa, novedad, tradición puesta al día y predisposición al error. Ahora hay unos cuantos países que no basan su persistencia en una economía, en una ideología abierta, en esa charnela que forma el pasado con la actualidad, sino que se aculatan en la tapia de un fundamentalismo más o menos histórico, pero que poco tiene de fundamental referido al mundo de hoy y sus exigencias, desde la técnica hasta la democracia. Porque no hay que confundir la miseria o la sumisión con la crudeza del fundamentalismo. Los pobres del Tercer Mundo viven a la deriva y no tienen tiempo de echar fundamento en nada. Son los intelectuales, los monjes, los clérigos traidores, los esclavistas millonarios quienes fomentan un fundamentalismo con más o menos raíz local para, en nombre de él, lanzar a las masas a morir contra las refinadas técnicas de Occidente. El fundamentalismo es una amalgama de acertijos y petróleo que se ha vuelto belicosa levantando incluso las banderas de la pobreza, que debieran ser las suyas pero no lo son. Caídas, desaladas las dos grandes ideologías de la modernidad, liberalismo y comunismo, van cogiendo cuerpo y estatura los fundamentalismos como consecuencia de la desaparición del gran bloque soviético que los asumía, castigaba, integraba o diluía. Ahora van por libre.


La verdadera voz del Islam. Por el rey Abdalá II de Jordania (diciembre 2002):
Esta semana finaliza el Ramadán, el tiempo que los musulmanes de todo el mundo aprovechan para reflexionar sobre los valores de su fe: compasión, buena voluntad y respeto por los demás. Estas son las ideas centrales del Islam, la fe que mi familia, los Hachemitas, descendientes del profeta Mahoma (la paz esté con él), ha profesado durante 40 generaciones. Nuestra religión nos pide que vivamos y trabajemos por la justicia y la tolerancia. Compartimos diariamente la bendición de Dios: Salaam Aleikum, "la paz sea contigo". Esta es la verdadera voz del Islam pero no es la voz que siempre se oye. En su lugar se escuchan los odiosos improperios de grupos erróneamente llamados fundamentalistas islámicos. De hecho, no hay nada fundamentalmente islámico en estos extremismos. Son totalitarios religiosos en la larga saga de radicales de diversas creencias que buscan el poder por medio de la intimidación, la violencia y el bandidaje. Los extremistas rechazan con violencia la moderación y la apertura originarias del Islam, cualidades que hicieron del mundo musulmán la cuna histórica de la diversidad y el aprendizaje. Su violencia no constituye una yihad o guerra santa. El profeta Mahoma nos dijo que la mayor guerra santa no es contra otros sino contra los fallos propios, la guerra contra el ego. Además, su primer sucesor, Abu Bakr, dijo en una ocasión a soldados musulmanes:

    "No traicionéis, no engañéis, no golpeéis, no mutiléis ni matéis a niños, mujeres o ancianos... no queméis ni taléis un árbol frutal. Si os cruzáis con comunidades que han consagrado su vida a la iglesia católica, dejadlas".

Estas palabras son parte de la educación religiosa básica que reciben los niños musulmanes. De modo que cuando los terroristas de hoy apuntan a inocentes, ofrecen una prueba directa de su objetivo real: el poder político, no la religión. De hecho, mucho antes de que los así llamados terroristas islámicos comenzaran a atacar a Occidente, tenían en su punto de mira a los musulmanes. El objetivo era silenciar la oposición y aniquilar el Islam de la paz y el diálogo. Yo me llamo como mi abuelo, Abdalá I, que fue asesinado por un extremista. En el mismo ataque mi padre fue alcanzado por una bala. Después como rey fue un pacificador y siempre creyó que un líder debe hacer frente a las fuerzas de destrucción. Entre los 1.200 millones de musulmanes que hay en el mundo los extremistas son, por supuesto, una pequeña minoría. Durante décadas los musulmanes pensaron que como no tenían nada que ver con esos criminales podían ignorarla pero el 11-S cambió esa forma de pensar porque la idea de que alguien explotara nuestra religión para matar inocentes encolerizó a los musulmanes de todas partes y por eso todos condenamos los atentados, no por miedo a EE.UU. sino porque nos lo pide nuestra fe. Pero debemos hacer más para que se oiga la verdadera voz del Islam y defender un Islam moderado que santifica la vida humana, atiende a los oprimidos, respeta a los hombres y mujeres por igual e insiste en la hermandad de toda la humanidad. Este es el Islam verdadero del Profeta y el que los terroristas quieren destruir. Este reto no es sólo para los musulmanes. Todas las religiones han sufrido extremismos y en el siglo XXI el nombre de Dios es explotado para promover conflictos. Las diferencias entre creencias se han convertido en diferencias entre personas y toda la humanidad sufre. Esto es una terrible verdad en Tierra Santa que se ha convertido en símbolo del extremismo y la injusticia más que de paz sobre la Tierra. Pero nosotros, ciudadanos y líderes de la Tierra, tenemos la oportunidad de derrotar al terror. Si lo hacemos, podremos ayudar a esta región, tan importante para todas nuestras religiones, a ir por el camino de un mundo mejor. (Abdalá II)

    (*)Abdalá II, hijo de Hussein, es el rey de los jordanos desde 1999. Su padre gobernó el país durante 47 años. Hussein fue uno de los líderes más populares de la región, respetado entre los árabes y la comunidad internacional, logró un acuerdo de paz con Israel en 1994. Tras una carrera en el servicio militar, a los 38 años de edad Abdalá fue coronado rey de Jordania. Su madre es británica y Abdalá completó la mayoría de sus estudios en Inglaterra y EE.UU. Pretende encaminar a su país hacia un sistema de libre mercado y hacia una monarquía constitucional. A pesar de las buenas relaciones que Jordania mantiene con Israel, Abdalá lidia con la presión de una ciudadanía en la que el 70 por ciento es de origen palestino, porcentaje del que forma parte su esposa, la reina Rania.


Las cruzadas en los argumentos sobre conflictos actuales:
Hoy, los extremistas de los dos bandos se sirven de los mitos de las cruzadas -que duraron dos siglos- para atizar el fuego de la enemistad y de las pasiones religiosas dormidas. Es una manipulación que convierte a la historia en arma arrojadiza. Sin embargo, aquella guerra no fue una guerra conta el Islam; los cruzados ni siquiera distinguían a un musulmán de cualquier otro creyente y para todos eran nada más -y nada menos- que enemigos: la idea de guerra contra el Islam era extraña al espíritu de aquel tiempo; pero aquella idea infausta ha desteñido las rencillas actuales. Todavía lo recordaban los musulmanes de Kenia cuando, en septiembre de 1998 (novecientos años después), se negaron a sumarse a la ceremonia de recepción del Papa tras aquel sangriento episodio. También después del atentado del metro de París de julio de 1995 las llamadas Brigadas del Grupo Islámico en su boletín clandestino dirán: "Una violenta explosión ha sacudido la capital francesa de las cruzadas: París". Y no quedan en esto los síntomas, sino que Pierre Gemanel, jefe de los maronitas cristianos del Líbano habla, cuando comienza la guerra civil de 1975, de "retomar el espíritu de la cruzada". Cuando el terrorista turco Alí Agca, hoy encarcelado, disparó contra el Papa el 13 de mayo de 1981 en la Plaza de San Pedro, escribió una carta sobre sus móviles: "He decidido matar al Juan Pablo II, comandante supremo de los cruzados...". Pero hay más. Tanto Nasser como Gadaffi, Hafez el Asad (de Siria) o Sadam Husssein reclaman su identificación con Saladino y evocan la batalla de Hatin, en la que se expulsó a los cristianos en 1187. El Asad vive obsesionado con la historia de los cruzados y el mismo George Bush en la guerra del Golfo quiere ser Godofredo, frente a Sadam-Saladino. Ahora no batallan los cristianos por el Santo Sepulcro pero lo hacen por el petróleo de Kuwait. Tanto los cruzados como Bush quieren "un nuevo orden internacional". Y más paralelismos: "Los serbios -escribe en abril Francçois Fetjó- no olvidan servirse de la ortodoxia cristiana al presentarse como los sucesores de los cruzados frente al islamismo, al que acusan de pretender, a través de los Balcanes, nada menos que la conquista de Europa. Por eso ponen sitio a Sarajevo, que para ellos es un bastión islamista, como los cristianos pusieron sitio a Antioquía o Jerusalén". (Manu Leguineche y María Antonia Velasco)


Islamofobia y democracia (29/08/07):
Mientras que en Holanda el asesinato de Théo Van Gogh se vio seguido de una oleada de violencia, la turbulencia política que sucedió al 11-M en España apenas tuvo que ver con la minoría musulmana. Una encuesta señala a España como el país donde más se apoya la candidatura turca a la Unión Europea. Otra indica que los musulmanes que viven en España son los más satisfechos e integrados del continente. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, tiene en Zapatero a uno de sus principales aliados. España ha tenido sus polémicas y disputas con el velo islámico en el aula, pero no ha desembocado en un psicodrama nacional como en Francia. En Inglaterra, donde la radicalización y el extremismo se extienden como un virus entre los jóvenes musulmanes, hablan con curiosidad sobre el "milagro español". Algo se estará haciendo bien. No sucede igual entre los principales países europeos, donde la más que probable investidura de Abdullah Gül como presidente de la república turca ha reavivado el vigor de la oposición -liderada por Nicilás Sarkozy y el eje franco-alemán- a la candidatura europea de esta nación. El Partido de Justicia y Desarrollo de Erdogan se comportó durante su primera legislatura con impecable moderación y respeto por el Estado de Derecho y las reglas del juego democrático, y así se vio recompensado con unos resultados históricos y sin precedentes en los comicios del pasado julio. Pero al parecer no basta con que Abdullah Gül, cuya candidatura ya fue bloqueada hace unos meses, prometa respetar la neutralidad de su puesto y el laicismo de la república. Su esposa lleva velo y eso es imperdonable. De un modo u otro, para muchos Turquía es demasiado religiosa y demasiado musulmana para ser europea o democrática. Y mientras, Polonia, miembro -y bastante protestón- de la Unión, monta comisiones parlamentarias para investigar la homosexualidad de los Teletubbies y cárceles secretas de la CIA sin que nadie se rasgue las vestiduras.

Porque no nos olvidemos que que la Turquía que restringe la libertad de expresión a cualquiera que ose mencionar el genocidio armenio, la que reprimió durante décadas los erechos de los kurdos y amenaza con invadir el Kurdistán iraquí, la que invadió Chipre y aún no se ha ido, la que ha interrumpido los gobiernos democráticos hasta en cuatro ocasiones con golpes de Estado y amenazado con un quinto, esa Turquía es la Turquía de la élite laica y nacionalista y la cúpula militar, no la de Erdogan, Gül, y su esposa Hayrunissa. Y la historia es la misma en otros escenarios. Ahora resulta que los milicianos de Fatah son los buenos de la película y los de Hamás los malos, porque Fatah es un partido supuestamente laico y Hamás es islamista y proviene de la Hermandad Musulmana, por muchas elecciones que gane. Sin embargo, fueron milicianos de Fatah -igual de armados, igual de enmascarados, e igual de ignorados por Israel- los que asaltaron la oficina de la UE en Gaza como respuesta a la publicación de unas caricaturas de Mahoma en un periódico danés. Desde Marruecos a Egipto, Europa condona y hasta fomenta políticas anti-democráticas de regímenes autoritarios, opresores y militarizados, porque mantienen a raya a los partidos islamistas. En Pakistán, ahora resulta que hay que apoyar a Musharraf, un general que llegó al poder en un golpe de Estado, y que unas elecciones democráticas serían la peor receta para el país en una situación tan inestable. Pakistán es un país donde se espera que la mayoría vote al partido laico de Benazir Bhutto, y donde un movimiento social liderado por la abogacía acaba de defender con éxito la independencia judicial del Tribunal Supremo, pero el miedo a los islamista y los extremistas de la Mezquita Roja es suficiente para que se detengan las reformas democráticas y nos echemos en los brazos, una vez más, de los militares. Los mismos que, desde los servicios de inteligencia, tienen o han tenido contactos con los talibanes, con grupos armados que luchan contra la India por Cachemira, y con el infame A.Q.Khan, el científico que montó un bazar de tecnología nuclear y no dudó en vender conocimientos y material a clientes tan respetables como Kim Jong II o Muammar Gaddafi. En 1991, Europa respiró aliviada cuando el ejército argelino canceló la segunda vuelta de unas elecciones que iba a ganar el Frente Islámico de Salvación. El resultado de esta trágica decisión fue una de las guerras civiles más cruentas del siglo pasado, y el mensaje enviado a muchos grupos islamistas de que era inútil intentar llegar al poder por medios legítimos, que lo de la democracia era pura hipocresía, y que sólo la violencia y las armas darían fruto. Después de dieciséis años del mismo cuento, es difícil de entender por qué no hemos aprendido aún la lección. (Pablo Castillo Díaz)


Sumisión, de Michel Houellebecq:
[...] A partir de unas elecciones en Francia en 2017, los Hermanos Musulmanes empiezan a aumentar su ranking entre los partidos políticos del país. (Sombras, obviamente, de Le Pen en Francia, los kurdos en Turquía, y así sucesivamente – aunque Sumisión se publicó antes de que algunos de estos resultados se conocieran.) Con las elecciones de 2017, los Hermanos insisten en que la única parte del gobierno que quieren como cartera es la educación - no las finanzas, no la política exterior, etc. Es un movimiento particularmente astuto porque el control de la educación cambia el curso de las cosas a su favor. Como un colega dice a François [el profesor y protagonista de la novela], «Ellos quieren que todos los niños franceses tengan la opción de una educación musulmana, en todos los niveles de la enseñanza». Eso significa que no hay co-educación. Las mujeres pueden estudiar solamente ciertos temas, principalmente Economía doméstica. La mayoría de las mujeres no van a adquirir una educación superior. Y aquí está el factor decisivo: todos los profesores deben ser musulmanes. «Las escuelas observarían reglas dietéticas musulmanas y las cinco oraciones diarias; sobre todo, el plan de estudios tendría que reflejar las enseñanzas del Corán». Durante los años siguientes, después de un período de caos, los Hermanos Musulmanes se convierten en el partido dominante. Antes de eso, las universidades se cierran y François se ve obligado a retirarse. Hay unas elecciones amañadas. Hay disturbios en muchas partes del país, pero, sorprendentemente, no hay una gran reacción una vez que los Hermanos Musulmanes asumen el poder total, en 2022. Es significativo que algunos de los cambios son positivos. Hubo "una importante caída del crimen: en los barrios más conflictivos se redujo en un 90 por ciento." El estado del bienestar fue virtualmente eliminado. El desempleo cayó a plomo, sobre todo porque las mujeres ya no estaban en la fuerza de trabajo. Con el modelo del aumento de la estabilidad en Francia, otros países europeos empezaron a considerar el Islam; y varios países del norte de África buscan la entrada en la Unión Europea. Por último, tenemos la religión en el sentido de conversión, sumisión. François tiene una oferta para una cátedra importante en la Sorbona, con un estatus que jamás había tenido. La cuestión es que tendrá que convertirse al Islam. (Una de las ventajas tentadoras, le dice un colega, es que podrá tener varias esposas. Ese colega acaba de tomar una segunda esposa de quince años, por lo que hay indicios de que lo que estaba prohibido antes respecto a la sexualidad con chicas jóvenes, de pronto se vuelve legítimo gracias al Islam.) Pero la conversión también significa la aceptación de Dios por el ateo de toda la vida. (Chrales R.Larson, 2015)


Etiquetas tendenciosas:
Pero mientras que a base de invocar y abusar de la idea del «mal» hemos trivializado imprudentemente el concepto, con el terrorismo hemos cometido el error opuesto. Hemos elevado el asesinato de motivación política, de naturaleza mundana, a categoría moral, a abstracción ideológica y enemigo global. No nos debería sorprender descubrir que esto ha ocurrido de nuevo por invocar analogías mal informadas con el siglo XX. «Nosotros» no estamos meramente en guerra con los terroristas, sino empeñados en una lucha de civilizaciones en todo el mundo —«una empresa global de duración incierta», según la Estrategia de Seguridad Nacional de 2002 de la Administración de Bush— con el islamofascismo. Aquí hay una confusión doble. Es evidente que la primera consiste en simplificar los motivos de los movimientos antifascistas de la década de 1930, al mismo tiempo que agrupamos juntos los fascismos de la Europa de comienzos del siglo XX, en absoluto homogéneos, y los muy diferentes agravios, reivindicaciones y estrategias de los (igualmente variados) movimientos e insurgencias musulmanes de nuestro tiempo. Conocer la historia reciente podría ayudarnos a corregir esos errores. Pero la equivocación más grave consiste en tomar la forma por el contenido: definir a los distintos terroristas y terrorismos, con sus diferentes y con frecuencia contradictorios objetivos, solamente por sus actos. Sería como si metiéramos en el mismo saco a las Brigadas Rojas, la banda de Baader-Meinhof, el IRA Provisional, ETA, los Separatistas del Jura suizos y el Frente Nacional para la Liberación de Córcega, llamáramos a la amalgama resultante «extremismo europeo»… y después declarásemos la guerra al fenómeno de la violencia política en Europa. (Tony Judt, Sobre el olvidado siglo XX)


Reforma del Islam:
Ayaan Hirsi Ali en su libro Reformemos el islam propone cinco grandes reformas: 1. La categoría semidivina e infalible de Mahoma junto con la lectura literal del Corán, en especial de los fragmentos que fueron revelados en Medina. 2. La anteposición de la vida después de la muerte, en lugar de la vida antes de la muerte. 3. La ‘sharía’, el conjunto de leyes procedentes del Corán, los hadices y el resto de jurisprudencia islámica. 4. La práctica de otorgar poderes a los individuos para hacer respetar la ley islámica ordenando lo que está bien y prohibiendo lo que está mal. 5. El imperativo de librar la yihad, o guerra santa.


Evolución:
Los atributos culturales que en su día fueron parte integrante de una determinada identidad piadosa y de unas prácticas religiosas concretas están asistiendo a la paulatina reducción de su espacio de vigencia. Los árabes aluden por ejemplo a la «cultura musulmana», para significar las actitudes y prácticas relacionadas con la familia, la segregación de los sexos, la modestia, los hábitos alimentarios, etcétera, mientras que por «cultura islámica» entienden el arte, la arquitectura y los comportamientos asociados con la vida urbana. Si aspira a moverse en el contexto global, toda entidad religiosa ha de presentarse como una realidad de carácter universal. Y para que el mensaje sea aprehendido en toda su plenitud, deberá desvincularse de una cultura específica entendida a la manera tradicional. «De este modo, la religión circula por vías ajenas al conocimiento. La salvación no requiere que la gente sepa, sino que crea». En consecuencia, y a medida que se han ido «desprendiendo de sus connotaciones étnicas», las religiones se han vuelto más «puras», más ideológicas y, por consiguiente, simultáneamente más fundamentales. Ésta es la razón de que se basen más, y en un sentido muy real, en la ignorancia que en el conocimiento, afirma Roy, de modo que, en esa medida —y para responder a lo que Charles Taylor sostiene acerca de las vidas laicas—, todas estas religiones tienen un carácter más minimalista. (Peter Watson)


Fanátismo:
¿Cómo curar a un fanático? Perseguir a un puñado de fanáticos por las montañas de Afganistán es una cosa. Luchar contra el fanatismo, otra muy distinta. [...] »La actual crisis del mundo, en Oriente Próximo, o en Israel/Palestina, no es consecuencia de los valores del islam. No se debe a la mentalidad de los árabes como claman algunos racistas. En absoluto. Se debe a la vieja lucha entre fanatismo y pragmatismo. Entre fanatismo y pluralismo. Entre fanatismo y tolerancia. [...] El fanatismo es más viejo que el islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Más viejo que cualquier estado, gobierno o sistema político. Más viejo que cualquier ideología o credo del mundo. Desgraciadamente, el fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza humana, un gen del mal, por llamarlo de alguna manera. (Amos Oz)

► El poeta y filósofo Ibn Hazm (994-1063) autor de El collar de la paloma vio sus poemas prohibidos por motivos religiosos. Terminó sus días expulsado y en la miseria en Marruecos. Sobre la quema de sus libros en Sevilla escribió: Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles, y mostrad vuestra ciencia para que se vea quién es el que sabe. Y es que aunque queméis el papel nunca quemaréis lo que contiene, puesto que en mi interior lo llevo, viaja siempre conmigo cuando cabalgo, conmigo duerme cuando descanso, y en mi tumba será enterrado luego.


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